Panorama
Bonaparte Gautreaux Piñeyro
Elecciones en Haití
La realidad es una y tan diversa como situaciones, lugares, historias y personas hay.
La realidad es una y tan diversa como situaciones, lugares, historias y personas hay.
Empecinarse en aplicar recetas a situaciones políticas porque se parece un proceso a otro, porque una realidad se asemeja a otra conduce y puede conducir al error.
Ejemplos hay de sobra, tantos que no es necesario citar ni mucho menos enumerar. Basta con un tímido ejercicio de memoria y ¡ya está!
Nuevamente se habla y se gestiona un proceso electoral para Haití.
Hasta quienes lo proponen saben que no hay condiciones de base para que se prepare todo el andamiaje humano, que para el legal basta con dos o tres cuartillas, unas firmas y un sello de goma, pero la organización de un proceso electoral es sumamente trabajosa desde el mensajero que lleva los papeles hasta los funcionarios de mesas, para no entrar en todos los detalles, que son muchos.
Diría Jorge Puello Soriano (El Men) el primer primero es que no hay un registro civil que avale la condición de ciudadano con derecho al voto de cualquier persona nacida en Haití que tenga acta de nacimiento.
No hay documentos oficiales válidos y valederos que permitan a la persona demostrar que nació en qué jurisdicción de Haití hijo de otros haitianos nacidos en Haití.

La indocumentación oficial es una constante en la población haitiana.
Por tanto, los resultados electorales serían una farsa trágica, una burla a los intentos supuestamente democráticos de enderezar la realidad política haitiana.
A ello súmele los cientos de miles de haitianos que el gobierno norteamericano quiere sacar de Estados Unidos, muchos de los cuales tienen derecho a votar en su país una vez sean regresados a el.
En 1966, cuando los Estados Unidos tenían interés en “democratizar” la República Dominicana, se permitió el voto con solo la Cédula de Identificación Personal, se había derogado o postergado la aplicación del recién creado padrón electoral hubo un desorden mayúsculo, pues se permitió que mujeres votaran si no tenían el dedo entintado como señal de que habían sufragado. El resultado fue el que querían los auspiciadores de aquel matadero electoral: proclamaron como presidente a su candidato Joaquín Balaguer.
En Haití son capaces de montar un sainete electoral que complazca a los titiriteros, pero esa no es la solución para ese país cuya infraestructura política cojea siempre y hace agua por todas partes. A nosotros nos caerán muchas vainas fruto de ese proceso sancochado. ¡Ojo con eso¡
