SPUTNIK
BOLIVIA.- Luego de 53 días de protestas, este 23 de junio todas las carreteras de Bolivia por fin fueron reabiertas. Fuerzas militares y policiales despejaron los cortes sin encontrar resistencia de los manifestantes, quienes finalmente se replegaron.
Las terminales de buses volvieron a operar; los camiones con alimentos llegaron de nuevo a los centros de abasto en las ciudades. La población salió a las calles a recuperar su ritmo de vida habitual, luego del conflicto político que concluyó recién con la declaratoria del estado de excepción, que regirá en Bolivia hasta septiembre.
En las semanas de protestas, la Policía con apoyo de militares no logró desbloquear las carreteras. Hubo situaciones, como en la población de Caracollo —departamento de Oruro, en el centro-oeste del país— el 23 de mayo, cuando los uniformados tuvieron que huir ante la insistente y cercana detonación de dinamita por parte de los manifestantes.
Con el estado de excepción y la legalidad para el uso de armamento letal entre militares y policías, los manifestantes optaron por ya no pedir la renuncia del presidente Rodrigo Paz. Solamente dos organizaciones quedaron en las carreteras: la Federación Campesina Tupak Katari, de La Paz, y los seguidores del expresidente Evo Morales, nucleados sobre todo en la región del Trópico de Cochabamba (centro).
Paz había firmado un acuerdo para pacificar el país con la Central Obrera Boliviana (COB) en la noche del 19 de junio. Horas después, ante la renuencia de la Tupac Katari y los evistas para dejar las carreteras, el presidente firmó el decreto 5636. Las acciones enmarcadas en el estado de excepción se desplegaron sobre todo en las carreteras bloqueadas. En las ciudades simplemente se retomó la normalidad, sin la participación de uniformados.
Derrota política
El analista Hugo Moldiz compartió con Sputnik sus impresiones sobre el resultado de este extenso conflicto.
"El campo nacional popular fue mucho más plural y diverso porque no tenía una sola dirección, no partió con la misma agenda y, obviamente, eso generó contradicciones que, a la larga, iban a terminar desembocando en una derrota política, cuyas consecuencias van a profundizar la derrota política que ya se sufrió en agosto y en octubre de 2025, con las elecciones generales en Bolivia y luego la segunda vuelta", explicó.
Pero "también pierde el Gobierno, porque son ya siete meses paralizados, sin poder llevar adelante un proyecto que todavía no se termina de entender cuál es, que no sean cosas muy genéricas planteadas después de asumir", el 8 de noviembre de 2025, añadió.
Para Moldiz, entre ambos bandos, "el Gobierno es el menos golpeado. No sé si fortalecido, porque no es lo mismo salir fortalecido que tener una oportunidad. Considero que Paz tiene una oportunidad de recuperar lo mejor que pudo dar el proceso durante 20 años. Porque a la realidad concreta no la puedes dividir entre lo bueno y lo malo; ese es un juego maniqueo que no conduce absolutamente a nada".
En este sentido, el presidente "tiene la oportunidad de rectificar, en función de su propio proyecto político, aquellas cosas que hayan sido a su juicio mal hechas. Pero si quiere asentar su proyecto político sobre la destrucción de lo que hizo el campo nacional popular, seguirá con el error que empezó a cometer en sus primeros meses de mandato".
La estrategia de Paz
La declaración del estado de excepción logró desbaratar los bloqueos, prácticamente sin enfrentamientos con los manifestantes. Hubo casos aislados, como el del policía que, en la zona de Llavini (a 60 kilómetros de la ciudad de Cochabamba, en el centro), fue víctima de una bomba "cazabobos". Al estallar, le dejó esquirlas en el rostro.
"Rodrigo Paz dictó [la medida] sabiendo que ya no lo iba a usar. Lo decretó, más bien, para dar señales a sectores de empresariales y de la derecha boliviana que lo presionaban (…). Considero él sabía que ya no lo necesitaba, sabía que la movilización se estaba derrumbando, que estaba yendo a la derrota inevitable", expresó el analista.
Moldiz reconoció en el Gobierno la tentación de usar el estado de excepción para ingresar al Trópico de Cochabamba y capturar al expresidente Evo Morales (2006-2019), a quien Paz acusó directamente de financiar las movilizaciones. Actualmente, sobre el exmandatario pesa una orden de detención porque no se presentó al juicio que se le sigue por trata agravada de personas.
"Sería un error muy grande del Gobierno detenerlo a él o a cualquier dirigente popular por muy equivocado que esté, como lo ha estado en los últimos años Evo Morales, incluyendo la actual movilización", consideró el analista, quien fue ministro de Gobierno durante su mandato.
Según Moldiz, el Gobierno "dirige las miradas hacia Evo Morales sabiendo que él no es responsable de las movilizaciones. Ya sabe que [el exmandatario] no tiene la hegemonía que tenía en el pasado. Ya no tiene la centralidad política. Además, tiene un nivel de rechazo extremadamente alto en las ciudades, en los núcleos urbanos".
A las calles otra vez
Omar Ramírez, vocero del instrumento político Evo Pueblo, dijo a Sputnik que "estas movilizaciones han sido consecuencia de una pésima gestión en seis meses de Rodrigo Paz. Desde su campaña ha comprometido un sinfín de acciones, pero en los hechos ha sido todo lo contrario. La gente ha ido organizándose en reuniones, marchas, mítines, huelgas de hambre, hasta llegar a la medida extrema del bloqueo, que desde luego perjudica a la población, porque se cortan las arterias de tráfico vehicular".
Finalmente, comenzaron a pedir la renuncia del presidente de nuevo.
En el acuerdo que firmó con la COB, el Gobierno estableció un plazo de 90 días para resolver las demandas de los obreros. Ramírez se mostró escéptico sobre esta posibilidad.
"Estoy seguro de que nos van a seguir vendiendo gasolina basura, seguirá en pie el memorándum de entendimiento con Estados Unidos para entregar los recursos naturales", entre otros puntos, señaló.
"En la medida en que el Gobierno continúe con su plan devastador en términos económicos, nuevamente vamos a estar obligados a salir a la calle", precisó.
El Gobierno logró reabrir las carreteras al amparo del estado de excepción. Para el vocero, la Administración "debería estar agradecida con la paciencia de las organizaciones sociales y de la población misma, porque hemos aceptado ceder en un cuarto intermedio. De lo contrario, su dimisión hubiera sido inminente".
Y sostuvo que Paz "ha intentado hacer creer que solamente el evismo o los sectores populares afines [al expresidente boliviano] han estado bloqueando el país, lo cual es absolutamente falso. Aquí el Gobierno no tiene nada que celebrar".
En un contacto con la prensa, el presidente Paz consideró que "los sectores sociales se pueden reorganizar, pero para construir la patria, no para destruirla". Y agregó: "Nos vamos a organizar para construir, no para destruir, porque creo que el bloqueo ha sido derrotado; no puede retornar al país".
