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WASHINGTON.- El descenso de la fecundidad, el envejecimiento de la población, la transformación de las estructuras familiares y un complejo escenario de migración internacional, aunado a la "desigualdad manifiesta" y la "débil movilidad y cohesión sociales", configuran una situación demográfica inédita en la región, según un informe de la CEPAL.
De acuerdo con el informe "Impactos del cambio demográfico en América Latina y el Caribe: retos y opciones para la política pública", presentado durante la Sexta Reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo, en Montevideo, Uruguay, la tasa global de fecundidad, que alcanzó el nivel de reemplazo en 2015, se situó en 1,8 hijos por mujer en 2024, lo que coloca a la región como la tercera con la tasa más baja del mundo.
Pese a ello, indica el estudio, la tasa de fecundidad adolescente se mantiene elevada, con 50 nacimientos por cada 1.000 mujeres de 15 a 19 años, lo que refleja las brechas educativas y desigualdades socioeconómicas o territoriales que mantienen a la población en situación de mayor pobreza y rezago.
Los datos indican que el descenso de la natalidad reducirá, a su vez, a la población en edad escolar a unos 38,3 millones de personas para 2050, lo que demandará un enfoque renovado de planificación educativa orientado a mejorar la calidad y la equidad de los sistemas educativos, así como la formación docente. Además, será relevante avanzar hacia modelos de aprendizaje a lo largo de la vida, que incluyan a las personas mayores.
En cuanto al envejecimiento, la investigación estima que, para 2050, las personas de 60 años y más representarán la cuarta parte de la población total, con unos 182 millones de personas.
Dicho proceso incluye lo que se conoce como "envejecimiento del envejecimiento", que se caracteriza por el crecimiento aún más acelerado del grupo de 80 años y más, especialmente entre las mujeres, lo que genera mayores niveles de dependencia e incrementa la demanda de pensiones, salud, cuidados y servicios de apoyo especializados.
Además, el informe advierte que el bono demográfico —la etapa en que la población en edad de trabajar es mayor a la dependiente— concluirá en 2028, lo que traerá consigo el desafío de fomentar la participación laboral de las mujeres en igualdad de condiciones, incrementar sustancialmente la productividad laboral y reconfigurar las bases del desarrollo económico para compensar la nueva estructura etaria.
Otro aspecto interesante es el que atañe a las estructuras familiares, que han experimentado una profunda reconfiguración. Por ejemplo, entre el 2000 y 2024, el tamaño medio de los hogares pasó de 4,3 a 3,3 personas.
Mientras que el modelo biparental tradicional pierde peso, ya que mientras los hogares unipersonales casi se han duplicado, los monoparentales —principalmente encabezados por mujeres— han aumentado considerablemente.
Según el informe, esta dinámica está condicionada por el nivel de ingresos, ya que los hogares más pequeños y unipersonales predominan en los quintiles más ricos.
La CEPAL también señala que la urbanización se ha consolidado, toda vez que, en 2026, la población urbana alcanza casi el 82% del total, mientras que la migración internacional ha aumentado y se ha complejizado.
Si bien la región mantiene un saldo migratorio neto negativo hacia otras regiones, la migración interregional ha crecido exponencialmente, impulsada sobre todo por los flujos ciudadanos venezolanos.
El estudio indica que dichos movimientos migratorios tienen un impacto demográfico positivo clave en los países de destino más envejecidos, puesto que la llegada de población más joven puede moderar temporalmente el envejecimiento y aumentar el número de nacimientos.
En palabras del secretario ejecutivo de CEPAL, José Manuel Salazar-Xirinachs, el escenario descrito ocurre en un contexto de desigualdades persistentes y debilitamiento de la movilidad y la cohesión social asociado a las brechas en la calidad institucional y a una gobernanza deficiente.
Según el funcionario, la transición demográfica está redefiniendo las condiciones clave para el desarrollo, la planificación y la educación, así como la sostenibilidad de los sistemas de protección social, salud y cuidados.
En ese sentido, aseguró que es "preciso esforzarse por lograr políticas públicas acordes con la nueva realidad demográfica".
