Groenlandia se enfrenta al impacto de los residuos tóxicos y radiactivos dejados por EEUU

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SPUTNIK

GROENLANDIA.- Tras examinar miles de páginas de documentos oficiales y estudios medioambientales previamente clasificados o inéditos, la prensa europea expuso un patrón de negligencia ecológica derivado de la presencia militar estadounidense en al menos 36 bases e instalaciones levantadas durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.

La investigación ha sacado a la luz que la contaminación dejada por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en Groenlandia, territorio que Washington ha amenazado con buscar controlar desde su regreso a la Casa Blanca, es significativamente más grave y extensa de lo que se había admitido formalmente hasta ahora.

De acuerdo con el exhaustivo mapeo, el Ejército estadounidense abandonó en el frágil ecosistema ártico miles de toneladas de residuos peligrosos. Los hallazgos documentan hasta 100.000 barriles de petróleo oxidados, más de 400.000 litros de combustible diésel filtrados al subsuelo, metales pesados como plomo y cadmio, altos niveles del contaminante tóxico PCB y cerca de 24 millones de litros de aguas residuales con baja actividad radiactiva sepultadas bajo la capa de hielo, lo que está generando afectaciones severas a la fauna marina local.

La investigación enfatiza cómo Washington aprovechó las ambigüedades de los acuerdos diplomáticos firmados con Dinamarca —particularmente el tratado de defensa de 1951— para desligarse por completo de la restauración ambiental. La inclusión de cláusulas contractuales que eximían a las tropas estadounidenses de devolver los terrenos a su estado original permitió que Estados Unidos desmantelara precipitadamente sus instalaciones militares, dejando chatarras, vehículos y sustancias nocivas esparcidas a la intemperie en perjuicio del territorio groenlandés.

Entre las evidencias más alarmantes se encuentra el caso de Camp Century, una icónica estación militar subterránea impulsada con un reactor nuclear durante la Guerra Fría. Según revela la investigación periodística, la base fue diseñada por EEUU no solo para la investigación polar, sino como un sitio estratégico de prueba para el despliegue de misiles bajo el hielo, un proyecto del cual no se informó plenamente a las autoridades locales y cuyo pasivo ambiental y radiactivo permanece enterrado sin garantías definitivas de contención.

El reporte recoge la indignación de la clase política groenlandesa, que califica esta huella tóxica como una mancha imborrable y una evidente falta de respeto hacia la soberanía y la dignidad de la isla. Dirigentes locales señalaron que Estados Unidos logró evadir de manera sistemática su responsabilidad ética y financiera, beneficiándose del valor geopolítico de la región sin asumir el costo del saneamiento de las tierras ocupadas.

Según se informa, el conflicto ambiental llegó incluso ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en 2017 a través de una queja formal contra Dinamarca por la falta de limpieza de los desechos estadounidenses. A pesar de que organismos internacionales instaron formalmente a Washington a contribuir con los trabajos de remediación, se constata que todas las administraciones estadounidenses se han negado a aportar financiamiento, dejando la carga económica exclusivamente en manos del presupuesto danés.

 

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