SPUTNIK
MÉXICO.- Frente al hartazgo de los movimientos sociales que no encajan en las definiciones tradicionales de derecha e izquierda, la posibilidad o dificultad de que surja una alternativa al oficialismo se enmarca en un sistema de partidos muy reticente al cambio, según dijo un experto a Sputnik.
En el marco del silbatazo inicial de la Copa Mundial de Fútbol 2026, la inconformidad social en México se ha hecho manifiesta: pasando por Ciudad de México, Guerrero, Michoacán, Veracruz, Sinaloa y prácticamente los 32 estados que conforman al país latinoamericano, hay expresiones generalizadas de malestar popular.
Desde las madres buscadoras y los ambientalistas, hasta las víctimas de desplazamiento forzado por la violencia desatada por el crimen organizado, entre muchos movimientos más, resaltan las deudas que el actual Gobierno mantiene a nivel social.
En ese contexto, la ruptura entre la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y el Gobierno ha cobrado un papel cardinal en las protestas, debido sobre todo al nivel de los bloqueos encabezados por el magisterio en medio de las negociaciones con las autoridades federales.
En opinión de diversos analistas, el costo político de la negativa del oficialismo a cumplir su promesa de derogar la reforma al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) de 2007 —que transformó el sistema previsional de este sector de la clase obrera de una bolsa de reparto solidario a un sistema de cuentas individuales administrado por las Administradoras de Fondos para el Retiro (AFORE)— podría derivar en la derrota del oficialismo frente a la oposición en las urnas.
Si bien, actualmente, la oposición en México se relaciona con propuestas de derecha, las manifestaciones recientes contra el Gobierno han demostrado en diversas ocasiones su rechazo a los planteamientos de dicha corriente política, en específico en el aspecto económico y social.
Polarización política
Un primer punto de partida para entender la dinámica entre la oposición y el oficialismo es el problema de la forma en la que se han polarizado las posiciones políticas, según digo en diálogo con Sputnik el politólogo Israel Covarrubias, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Florencia, Italia. "El problema aquí tiene que ver con seguir sosteniendo una retórica en términos de un nosotros/ellos", añadió.
Es precisamente en ese contexto, de acuerdo con el politólogo, que la idea de una tercera vía ha quedado relegada, pero, conforme pasan los meses, "se va haciendo evidente que es difícil sostener una concepción tan estática de lo que es un partido-movimiento como Morena".
Así, el analista explica que la deslegitimación del adversario político puede funcionar en la medida en que la narrativa se sostiene en los errores de la oposición. Por ejemplo, menciona el caso de la inseguridad en el país, un tema que compete también a gobiernos pasados. "Ahí puede operar adecuadamente [esta estrategia]", señala el experto.
Sin embargo, en el caso de la CNTE, "es muy difícil atribuirle la responsabilidad a los gobiernos", toda vez que la promesa de derogar la reforma al ISSSTE del 2007 fue enarbolada tanto por el expresidente Andrés Manuel López Obrador como por su sucesora, Claudia Sheinbaum, durante sus respectivas campañas presidenciales.
"Hoy se dan cuenta de que es técnicamente imposible hacerlo, pero es una promesa no cumplida", señala.
Un sistema de partidos anquilosado
Ahora bien, Covarrubias estima poco probable que, hoy en día, "la posible oposición pueda cuajar a partir de utilizar la misma estrategia de deslegitimación que utiliza el Gobierno federal y los gobiernos locales vinculados a Morena".
El experto describe cómo se configura el sistema político mexicano en la actualidad: por una parte, tanto el oficialismo con Morena como sus respectivos aliados —el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM)— detentan gran parte del poder político nacional, tanto a nivel federal como local.
Por otro lado, Movimiento Ciudadano (MC) "juega regionalmente muy bien" y que intenta, parasitariamente, hacerse de votantes que van dejando los llamados grandes partidos de México". Además, "tenemos una dupla entre el PAN y el PRI, más o menos tambaleante (…) y un PRD [Partido de la Revolución Democrática] que desapareció hace poco, salvo en algunos estados de la República donde aún tiene presencia institucional".
Dicho sistema, sostiene Covarrubias, "tiene una gran reticencia al cambio político como tal", algo que es paradójico al considerar que los partidos políticos funcionan a partir de recibir y traducir "todas estas expectativas" que se van generando en una sociedad conforme su historia avanza.
"El problema que tenemos es el sistema de partidos; la mayor parte de los analistas —y también de aquellos que participaron activamente en el rediseño institucional, a partir del año 2000 para acá, de la democracia en México— le pusieron demasiada atención al tema de las reglas, de las reglas de la competencia, de la paridad, de la inclusión, etcétera. Pero dejaron de lado, precisamente, la reestructuración del sistema de partidos", agrega.
"Esto me parece una cosa bien importante, pensar que los propios partidos políticos [en México] tienen muchas reticencias al cambio, tan así que, por ejemplo, las siglas en algunos de ellos son inamovibles históricamente, cuando lo que sistemas de partidos democráticos más maduros ponen en evidencia es que una cosa para volverse contemporáneos a las épocas que les toca lidiar es, incluso, refundar no nada más las siglas, sino los estatutos, moverse ideológicamente, etc", analiza el experto en ciencia política.
En contraste, dice, el sistema de partidos mexicano "parte del reciclaje, sobre todo, de las viejas figuras, [mientras que] las nuevas figuras son, de algún modo, absorbidas muy rápidamente por todas estas fuerzas inflexibles del sistema de partidos".
¿Puede la oposición capitalizar el descontento?
En ese sentido, sostiene que, cuando se habla de que la ruptura entre el oficialismo y la CNTE va a beneficiar directamente a los partidos opositores de derecha, "yo no sabría si, técnicamente, es un beneficio para la oposición en términos partidistas".
Esto porque "la Coordinadora no es históricamente un movimiento social que profese el credo que mantiene un partido como Acción Nacional. Un movimiento y una movilización como la de los maestros [difícilmente podría] adherirse a esta tripartita forma del PAN: patria, familia, libertad. Me parece que es agua y aceite sin problema".
Con todo, el politólogo admite que, pensando en que la CNTE fue un aliado estratégico del Gobierno previo al 2018, "lo que puede ser capitalizado políticamente por la oposición" es el consenso en torno a la idea de que las protestas de los maestros se le salieron de las manos a Morena.
"No me parece que sea tan simple el asunto, pero, en términos de la interpelación de lo que hicieron bien o lo que no hicieron bien, en el contexto electoral del próximo año, a todas luces saldrá el tema a relucir", observa el experto.
"No [creo que el descontento social] pueda ser capitalizado por el sistema de partidos, salvo que, dentro del partido hegemónico, pudiera abrirse el espacio institucional suficiente para que despunte algún nuevo liderazgo (…) que pudiera hacer pasar el conjunto de demandas que está exigiendo la Coordinadora", finaliza.
