SPUTNIK
Eduardo Bautista y Daniela Díaz
MÉXICO.- La FIFA ha hecho de este deporte un negocio inalcanzable para el pueblo.
Un trabajador que gana el salario mínimo en México tendría que laborar como mínimo medio año —sin gastar un solo peso— para ver el partido inaugural entre su selección y Sudáfrica en uno de los asientos intermedios del Estadio Azteca. En las calles de este país, la pasión ya es pesadumbre ante la monetización obscena del balón.
"Es imposible asistir"
México tiene —según Nielsen— casi 60 millones de aficionados al fútbol y ninguna Copa del Mundo. Por eso resulta aún más indignante para tantas personas que ni siquiera la fiesta sea accesible para los bolsillos de la mayoría de los mexicanos, cuyo salario mínimo es de 9.582 pesos (unos 554 dólares) al mes. Y es que ver al equipo tricolor en este torneo es un lujo que puede costar hasta más de 153.000 pesos (unos 9.000 dólares) en un lugar exclusivo y más de 55.000 pesos (unos 3.200 dólares) en un asiento general.
Y es que a pesar de que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, prometió hace unos años que el costo máximo para la final de la Copa del Mundo 2026 que organizarían de forma conjunta EEUU, México y Canadá sería de 1.550 dólares (unos 27.000 pesos), la realidad es que ahora un acceso para el último partido de la justa mundialista cuesta hasta 35.500 dólares (unos 616.000 pesos). Incluso la organización civil Football Supporters Europe (FSE) ha calificado la oferta de precios como "extorsión" y "traición monumental", al tiempo que Infantino se empeña en defender el marketing que rodea a esta edición del certamen.
Fernando Esquer Ruiz, contador público de profesión, pudo acudir a las Copas del Mundo que se celebraron en México en 1970 y 1986 —dos de las más recordadas porque en ellas se coronaron campeones Pelé y Maradona, respectivamente. Nunca se ha considerado un hombre rico ni mucho menos perteneciente a una élite económica; sin embargo, dice en entrevista con Sputnik, antes era más costeable asistir a un evento deportivo de gran envergadura. Para 1970 pudo ir porque una tía le regaló un boleto y, 16 años después, acudió en compañía de sus hermanos, ya con sus propios ingresos. Y no sólo fue a la inauguración, sino que además le alcanzó para ver todos los partidos que jugó la Selección mexicana en el Estadio Azteca, en Ciudad Universitaria y en Neza.
"Las diferencias con el Mundial de ahora son sobresalientes. Hoy ya son muy caros los boletos, es imposible asistir. En aquel entonces adquirimos las entradas por un paquete [que conseguimos] unos meses antes, en diciembre de 1985. Fue por eso que pudimos ir [al torneo]", comparte Esquer Ruiz.
El contador público cuenta que en el Mundial de 1986 se respiraba "un ambiente familiar muy bonito". En cambio, ahora, buena parte de las entradas fue repartida entre influencers mexicanos y estadounidenses, principalmente, sobre todo en aquellos partidos de la Selección de México. Así lo asegura en charla con Sputnik Carlos Bouchan, un profesional en marketing que trabajó de manera independiente para una de las grandes marcas deportivas globales con las que tiene convenio con la FIFA.
"Desde que acabó el Mundial de Catar [en 2022], la orden que nos dieron en nuestra agencia era echar a andar una maquinaria de marketing muy potente en todo el país, pero muy enfocada en activaciones con influencers y youtubers, casi nada para el pueblo de manera directa, ni siquiera con el Gobierno [de México]. A los funcionarios se les invitó, pero nada más. No se organizaron muchas dinámicas para regalar ni para promocionar boletos o mercancías. Como experto en marketing lo puedo decir: esta vez la estrategia estuvo dirigida a un segmento A/B [denominación con la que los mercadólogos ubican a las clases altas]", comparte Bouchan.
"El fútbol se ha vuelto un producto mercantilista".
Pero el poco ambiente festivo en México ante la Copa del Mundo del deporte más popular tiene una razón de ser: el alejamiento de lo deportivo de la sociedad y que se priorice el aspecto comercial y de negocio, señaló en entrevista con Sputnik Jorge Negroe, doctor en Antropología y académico del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana.
"Vivimos en una época donde el fútbol se ha vuelto un producto mercantilista bastante importante. Existe un enfoque de la FIFA y aquí en México de la Federación Mexicana de Fútbol más por el negocio que por lo deportivo. Y la gente se da cuenta y la respuesta es justo que lo que debería ser una fiesta de unión social, de identidad, se convierte en un negocio descarado que la gente misma rechaza como una manera de decirles: 'este no es nuestro evento'", explicó.
En diciembre pasado, el Consejo de la FIFA probó la distribución de una contribución económica histórica de 727 millones de dólares al cabo de la competición. La mayor parte recaerá en las 48 selecciones participantes, a quienes se han destinado 655 millones de dólares de premios, lo que supone un aumento del 50% con respecto a la edición anterior. A esto, hay que sumarle los patrocinios de las marcas a las selecciones.
¿Cuánto recibirá cada selección por parte de la FIFA?
¿Qué opinan los ciudadanos?
Sputnik salió a las calles de la capital mexicana para medir los ánimos de la gente a pocos días del Mundial de Fútbol. Y, en efecto, se comprobó que queda poco o casi nada de aquel entusiasmo nacionalista que contagió multitudes en décadas anteriores, cuando hablar de fútbol era hablar de esperanza y alegría popular.
Enrique García, ciudadano mexicano – Sputnik Mundo
Enrique García
"Yo creo que no, que [el Mundial] no es nada incluyente. Yo creo que el fútbol actual se ha salido de las manos para ciertos sectores de la sociedad (…). Creo que la Selección Mexicana sí me mueve como mexicano, pero ya son muchos intereses". Gerardo Herrera, ciudadano mexicano – Sputnik Mundo
"En realidad no creo que estén [los boletos] al alcance de todos". Ignacio Mejía, ciudadano mexicano – Sputnik Mundo.
"No es para nada algo que pueda costear un mexicano, en lo absoluto. 100.000 pesos (alrededor de 5.500 dólares) sería casi el trabajo, muchas veces, de un año de un mexicano. Yo creo que es muy complicado que podamos acceder al espectáculo que es el Mundial". Aranza, ciudadana mexicana – Sputnik Mundo
"Los precios son inaccesibles. Yo creo que son inaccesibles para la gran mayoría de los mexicanos. Creo que debieron haber hecho procesos más justos donde realmente los mexicanos podamos disfrutar el Mundial".
El viejo amor al balón y el nuevo odio al negocio

Si bien México es un país heterogéneo y el fútbol despierta pasiones en mucha gente, este deporte siempre ha tenido un arraigo más fuerte en las clases populares, señaló el en entrevista con Sputnik Jovani Rivera, doctor en Ciencias Políticas y Sociales con campo disciplinario en Sociología. Jovani Rivera, doctor en Ciencias Políticas y Sociales.
"Por su sencillez se lo apropian en muchos sentidos en las clases populares porque, a diferencia de otros deportes, no requiere gran equipamiento, ni siquiera un conocimiento profundo de reglamentaciones, como sí sucede con el fútbol americano o el básquetbol (…). [Para jugarlo] la gente puede improvisar una cancha donde sea. Entonces pienso que hay algo de eso que hace que a la gente le gusta del fútbol, que es simple", explicó.
Además, agregó el académico, en décadas pasadas la población se sentía atraída verdaderamente por los jugadores, a quienes veían también como ejemplos de superación; sin embargo, dijo, hoy existe una brecha grande entre la afición y los futbolistas, que se ha ampliado por cuestiones meramente comerciales.
"La gente fantaseaba antes con poder llegar a ser futbolista. Hay algo ahí que produce esa fascinación en la gente y que en México está roto, como trastocado", sentenció Rivera Gutiérrez.
"Se tenía algún tipo de relación de proximidad en compromisos importantes deportivos internacionales (…). Y ahora no. Hay una cosa muy particular en nuestro contexto, que es esta nueva selección con estos jóvenes más profesionales y más aburguesados, con mejores representantes y con mejores redes para que sí los convoquen, para que sí los metan, para que sí jueguen, pero ni siquiera juegan bien. Entonces, creo, la gente está muy enojada por las dos cosas", agregó.
A diferencia de los Mundiales de 1970 y 1986, el fútbol como industria ha cambiado igual que el contexto sociopolítico de México, que en esta ocasión sólo albergará 13 partidos, pues comparte sede con EEUU y Canadá. La mayor parte de la fiesta, de hecho, estará en territorio estadounidense.
Al respecto, el doctor el doctor Negroe Álvarez señaló en charla con Sputnik que, tras la represión al Movimiento Estudiantil de 1968, al menos los Juegos Olímpicos de aquel año y el Mundial de 1970 sirvieron como una especie de sportswashing ante la mala reputación del entonces Gobierno mexicano, mientras que para el Mundial del 86 México se estaba recuperando del terremoto registrado meses antes, por lo que había un fuerte sentimiento de unión social.
"Además, recordemos que todos los juegos (de los mundiales pasados) fueron en territorio nacional, a diferencia de este, donde únicamente tenemos 13 de 103 partidos; entonces definitivamente no es un Mundial de México", dijo.
"Nos encontramos con un Mundial que, en realidad, no es para la gente. Los verdaderos clientes de este Mundial son las marcas, los espacios publicitarios, la venta de streaming, todo eso es en realidad el dinero que está manejando. Al final, los boletos, si se venden o no, la FIFA ya ganó y en realidad no le importa porque ya tiene ahí su entrada económica y muchos de los boletos seguramente fueron adquiridos por gente con mucho poder adquisitivo, pero también muchas empresas", agregó.
"La gente no se siente tan partícipe"
Hace 40 años, el ambiente mundialista se palpaba con mucha mayor intensidad que ahora. Hoy, en cambio, los costos de los boletos y la organización tripartita del torneo —entre EEUU, México y Canadá— han hecho que los ánimos no levanten como aquella ocasión en la que el equipo tricolor llegó a cuartos de final, donde cayó ante Alemania en tanda de penales. Así lo asegura en conversación con Sputnik Miguel España, exfutbolista que jugó con la Selección mexicana en la Copa del Mundo de México 1986.
"En 1986 todo se preparó con antelación. [En la Selección mexicana] tuvimos varias giras por diferentes partes del mundo, donde nos fue bien, aunque también tuvimos algunos descalabros", dice España.
