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Pensando

¡Oh democracia dominicana!

Ricky Noboa

El costo de nuestra democracia se basa en un financiamiento discriminatorio para favorecer estructuras políticas que funcionan como empresas a través de los partidos políticos, sin hacer una rendición de cuentas de los recursos aportados por el Estado, producto del pago de impuestos de los ciudadanos contribuyentes.

De cara a los procesos eleccionarios, ante la JCE son inscritas un sinnúmero de agrupaciones políticas para su reconocimiento, que incrementan el aporte económico a un presupuesto que, sin un liderazgo político, se sustenta en alianzas y negociaciones, para poder justificar su accionar democrático dentro de una nómina parasitaria, dejando al descubierto el interés pecuniario desarraigado de las ideologías políticas.

Esta pseudo democracia es una carga significativa a los sectores productivos, exigiéndoles su aporte a la gobernabilidad al margen de los verdaderos intereses que exige el sacrificio del erario construido por el esfuerzo de los contribuyentes.

Es hora de aligerar la carga en la dirección que más conviene a la nación, para no seguir abusando aún más de los que ven diluir sus recursos patrimoniales, en manos de los que practican una actividad mercenaria, no política.

Si agregamos la no existencia de los estados financieros para la fiscalización de la auditoría competente, deducimos que el gasto que conlleva esta práctica “democrática” es tan elevado y desproporcional a las necesidades de un pueblo, que expresa con su voto sus anhelos de mejorar su calidad de vida.

Oh democracia, que no ha podido reivindicar a los próceres de la nación. Su sacrificio y entrega por la identidad nacional, no ha encontrado lo innegociable de su soberanía.

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