SPUTNIK
ECUADOR.- Mientras el Gobierno apunta a cerrar 2026 con una meta de 500.000 barriles diarios de petróleo, el Banco Central del Ecuador (BCE) proyecta un descenso diario de 36.987 unidades para el 2027.
En un entorno internacional marcado por la volatilidad y el alza del crudo, la caída del volumen de extracción frena la capacidad del país para captar recursos clave, reduciendo el margen fiscal y limitando la inversión pública.
La cotización del petróleo se mantiene en niveles elevados, entre los 90 y 100 dólares por barril, en medio de las tensiones geopolíticas en el estrecho de Ormuz. Sin embargo, la capacidad de Ecuador para convertir estos precios favorables en mayores ingresos fiscales está limitada por el menor nivel de producción.
El BCE proyecta una extracción promedio de 463.013 barriles diarios para 2027, unos 37.000 barriles menos que la meta prevista para 2026. A los precios actuales, esa diferencia representa alrededor de 3,3 millones de dólares diarios de producción bruta que el país dejaría de generar.
Barreras a la inversión
La caída sostenida en los volúmenes de extracción no responde a un fenómeno coyuntural, sino a condicionantes estructurales que el país ha arrastrado durante la última década. La falta de capital para exploración y el envejecimiento de la infraestructura existente han fijado un techo claro a la producción.
"En los últimos años, lo que hemos visto es una reducción en la producción petrolera y esto tiene algunos elementos; el principal tiene que ver con la falta de inversión y el hecho de que en el Ecuador los campos ya son maduros", resalta durante una entrevista con Sputnik el economista Juan Pablo Jaramillo.
A este escenario técnico se suman las decisiones que han modificado el horizonte de la industria.
"Lamentablemente, la producción no ha acompañado la buena coyuntura del precio y eso merma el hecho de que nos podamos beneficiar de los precios altos que hay en el mercado ahora", argumenta Jaramillo.
Precios altos que no traen desarrollo
La contracción en la plataforma de exportación tiene un impacto directo sobre la balanza comercial y las arcas públicas. Al menor volumen de crudo disponible para la venta en el exterior se suma una factura creciente por la compra de combustibles procesados, lo que erosiona el beneficio neto que el país obtiene del sector hidrocarburífero.
"Ecuador cada día importa más derivados de petróleo. Al importar cada vez más derivados, la balanza comercial petrolera se reduce", explica el economista.
Entre enero y junio de 2026, el país gastó más en importaciones de derivados de petróleo de lo que obtuvo por vender esos combustibles en el mercado interno. La diferencia alcanzó los 954,2 millones de dólares, según cifras del Banco Central. Según Jaramillo, estos recursos no se están canalizando hacia la inversión privada o pública, sino que se dirigen "principalmente hacia el pago de deuda".
Ecuador ha recibido 11.353 millones de dólares en préstamos hasta julio de 2026; la mayoría corresponde a deuda interna, bonos internacionales y préstamos de multilaterales, como el FMI. Josué Daniel Puma Muñoz, experto en economía del desarrollo, analiza la dimensión del impacto en las finanzas públicas.
"Sería irreal creer que no va a tener un efecto sobre nuestra economía, sobre nuestros ingresos profundamente dependientes, el hecho de que reduzcamos nuestra frontera de producción petrolera. Estamos hablando de casi 37.000 barriles de petróleo diarios que, lógicamente, con los precios que actualmente están en el mercado, comprometen un ingreso importante para el Ecuador", detalla Puma durante una conversación con este medio.
El analista enfatiza que la pérdida de estos ingresos afecta directamente la capacidad de redistribución del Estado y la dinamización de la economía local. Según Puma, es una reducción significativa en la capacidad, primero del Gobierno para invertir y, segundo, de la sociedad civil para absorber dichos fondos y hacer que roten dentro de la economía.
La urgencia de la diversificación
La imposibilidad de incrementar los volúmenes de extracción para aprovechar los ciclos de precios altos evidencia la necesidad de reorientar la estrategia de desarrollo hacia otros sectores.
Puma señala que los momentos de bonanza petrolera deberían utilizarse como una oportunidad para transformar la estructura productiva y no únicamente para cubrir gastos corrientes.
"Saber que va a haber momentos de precios altos en lo que vendemos debería ser nuestro momento decisivo para poder modernizar la economía, modernizar el Estado y mejorar la sociedad. Esto nos regresa a una realidad mucho más estructural de lo que es la economía ecuatoriana: una economía poco diversificada y profundamente primarioexportadora. Necesitamos que el Estado, que tiene el poder de gestión sobre los ingresos petroleros, tenga la función, a través del gasto e inversión, de distribuir en la economía esa riqueza", enfatiza el experto.
"Ecuador no puede seguir dependiendo del petróleo; tiene que buscar nuevas fuentes de producción y tratar de diversificar su economía. Para eso, lo importante es invertir en educación, salud, capital humano y tener una estrategia de largo plazo que no dependa de los vaivenes del mercado petrolero internacional", alienta el economista.
Frente a un horizonte de menor producción y requerimientos crecientes de inversión social e infraestructura, el debate económico en Ecuador se traslada desde la cantidad de barriles que se pueden extraer hacia la eficiencia con la que se gestionan los recursos disponibles para ejecutar una transición económica sostenible a largo plazo.
