La guerra en Irán pega ahora a los préstamos agrícolas en Estados Unidos

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SPUTNIK

WASHINGTON.- Según reporta 'The Wall Street Journal', los agricultores del país norteamericano se han convertido en una fuente creciente de preocupación para las entidades bancarias por efectos vinculados a la ofensiva militar lanzada por EEUU e Israel contra la nación persa.

De acuerdo con el medio, la guerra contra Irán ha provocado un repunte drástico en los costos del combustible y los fertilizantes, lo que representa un nuevo golpe financiero para un sector que ya estaba afectado por los aranceles impuestos el año pasado por la Administración de Washington, los cuales frenaron severamente las exportaciones de cultivos vitales.

Esta presión se está reflejando directamente en el mercado crediticio, apunta el medio, donde la demanda de financiamiento ha aumentado debido a la necesidad de los productores de cubrir estos elevados gastos operativos.

El diario señala que, de acuerdo con datos de la Reserva Federal de Chicago —que encuesta a prestamistas en cinco estados del Medio Oeste—, el índice que mide las tasas de reembolso de los préstamos agrícolas volvió a caer en el primer trimestre en comparación con el año anterior, encadenando diez trimestres consecutivos a la baja.

Ante este escenario de asfixia financiera, los agricultores están recortando gastos drásticamente: algunos optan por plantar menos semillas, cambiar a cultivos que demanden menos nutrientes o reducir el uso de fertilizantes, lo que incrementa notablemente la probabilidad de obtener rendimientos de cosecha inferiores en los próximos meses.

La investigación de The Wall Street Journal detalla que la demanda de nuevos créditos agrícolas aumentó por décimo trimestre consecutivo. Esta situación ha obligado a diversas entidades financieras a ajustar sus balances; por ejemplo, First Mid Bank & Trust en Illinois reportó un incremento en los retrasos de pagos superiores a los 90 días, viéndose forzado a sumar 1,2 millones de dólares a sus reservas para pérdidas crediticias.

Asimismo, la firma de bienes raíces y préstamos Farmland Partners reservó unos 1,8 millones de dólares por riesgos potenciales de impago, advirtiendo su presidente ejecutivo que el impacto económico de la guerra con Irán no se absorbe de la noche a la mañana y que se suma a problemas regionales como la sequía.

Ejecutivos del sector bancario rural declararon al periódico que muchos de sus clientes ya han agotado su capital de trabajo durante los últimos años debido al encarecimiento generalizado de la mano de obra y los repuestos de maquinaria. La actual escalada de costos derivada del conflicto geopolítico amenaza con empeorar críticamente la situación de vulnerabilidad que arrastran desde el año pasado por la guerra arancelaria lanzada por Washington, la cual perjudicó gravemente las exportaciones de soja.

De hecho, la Federación Estadounidense de Oficinas Agrícolas reportó que las quiebras agrícolas a nivel nacional aumentaron más del 40% en 2025 respecto al año anterior, aunque todavía se mantienen por debajo del pico registrado en 2019.

The Wall Street Journal afirma que, si bien el sector agrícola está acostumbrado a sobrellevar los ciclos económicos adversos, el riesgo actual es particularmente elevado. Analistas de firmas como Piper Sandler apuntan que los prestamistas cuentan con cierta protección gracias a los subsidios federales y los respaldos gubernamentales que garantizan muchos de estos créditos. No obstante, para los pequeños productores, el encarecimiento de los insumos y la volatilidad de los precios de las materias primas marcan una línea muy delgada entre la rentabilidad y la quiebra absoluta.

El artículo concluye advirtiendo la ambivalencia de la situación para las instituciones financieras. Por un lado, el incremento en la solicitud de préstamos agrícolas, así como las prórrogas y renovaciones de deudas, se traduce en un aumento inmediato de los ingresos por intereses para los bancos. Por otro lado, la publicación subraya de manera crítica que esta tendencia no es un síntoma de dinamismo, sino una señal inequívoca de que la capacidad financiera de los agricultores estadounidenses se encuentra al límite de su resistencia.

 

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