SPUTNIK
ECUADOR.- En el marco del Día Internacional del Multilateralismo y la Diplomacia para la Paz, el Gobierno de Daniel Noboa redefine su tablero internacional. Con el anuncio de una visita oficial a Pekín en agosto de 2026 y la puesta en marcha del TLC con el gigante asiático, Ecuador intenta una maniobra de "autonomía pragmática".
El Gobierno ecuatoriano busca consolidar su principal mercado comercial mientras mantiene su arquitectura de seguridad anclada a Estados Unidos. Sin embargo, analistas advierten que en un sistema global donde la tecnología y el sector militar son ya indistinguibles, la neutralidad camina sobre un cristal cada vez más delgado.
El multilateralismo, esa apuesta por la cooperación colectiva que definió la posguerra, atraviesa en la actualidad una fase de fragmentación que obliga a las naciones pequeñas a ser más audaces —o más cautas—. Ecuador, en este escenario, ha decidido jugar en dos bandas. Tras la implementación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con China, el presidente Daniel Noboa ha confirmado que viajará a Pekín en agosto, apenas meses después de haberse reunido con aliados estratégicos de Washington en Florida.
El fin del "romance multilateral"
La conmemoración de este 24 de abril llega en un momento de quiebres bilaterales profundos, como el que vive Ecuador con Colombia. Para Félix Andueza, especialista en Relaciones Internacionales, así como magíster en Filosofía, Política y Economía, el país se encuentra en una encrucijada donde la diplomacia ya no depende solo de la voluntad del Palacio de Carondelet, sino de un sistema internacional que ha perdido la confianza en sus instituciones.
"Antes había un nivel más alto de multilateralismo, habían muchas más relaciones con los otros países. Pero el problema es que no depende específicamente de los presidentes del Ecuador. Creo que depende también del contexto internacional. En la primera década del siglo XXI todavía teníamos confianza en estas instituciones internacionales. En los últimos años eso se ha venido rompiendo y es la consecuencia que estamos viendo", afirma Andueza a Sputnik.
Según el experto, esta ruptura de la confianza global es la que empuja a naciones como Ecuador a buscar pactos bilaterales de alto impacto, como el TLC con China, ante la parálisis de los organismos regionales y la capacidad de maniobra de Noboa está limitada por un entorno global mucho más hostil que el de hace dos décadas.
Más que un cliente, un "liderazgo benevolente"
La futura visita de Noboa en agosto no debe leerse únicamente en clave de contenedores de camarón o banano. Para Pekín, la relación con Quito responde a una visión geopolítica de largo plazo denominada "jerarquía benevolente".
"[Pekín] puede ser que en este caso vea a Ecuador no simplemente como un nodo en Sudamérica, sino un valor estratégico. China busca construir una jerarquía basada en una interdependencia simétrica. Ecuador ofrece acceso a commodities (petróleo, camarón, banano) y su posición en la Nueva Ruta de la Seda, pero, sobre todo, la posibilidad de demostrar que sus socios no necesitan elegir entre China y Estados Unidos," explica Andueza.
Ecuador se adhirió a la iniciativa de la "Franja y la Ruta" hace ocho años, lo que ha facilitado financiamiento e inversión, pero la vulnerabilidad del país no es militar, sino estructural: una dependencia absoluta del comercio para su abastecimiento básico.
La incorporación oficial a la iniciativa del gigante asiático ocurrió el 12 de diciembre de 2018, formalizado mediante la firma de un memorando de entendimiento. Este acuerdo posicionó al país como un punto estratégico en la "Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI" en Latinoamérica, buscando aumentar la cooperación económica, inversiones en infraestructura, energía, minería y la facilitación del comercio bilateral.
La paradoja
El presidente Noboa ha bautizado su estrategia como una de apertura total, pero Andueza prefiere el término "autonomía pragmática". El internacionalista explica que Ecuador participa en los esquemas que le convencen sin asumir compromisos políticos profundos. El problema radica en que Washington puede observar esta cercanía con recelo, especialmente bajo la doctrina de seguridad estadounidense que considera a China un competidor sistémico.
"Ecuador está ante una paradoja, por un lado, proclama esta adhesión al multilateralismo, pero protagoniza uno de los más grandes quiebres bilaterales con Colombia. Noboa ha sido enfático en que Estados Unidos es el socio principal en seguridad, y eso es operativamente cómodo, pero geopolíticamente muy frágil", advierte el internacionalista.
La distinción entre "comercio con China" y "seguridad con EEUU" es, para Andueza, una construcción artificial. En la era de las redes 5G, los puertos inteligentes y la infraestructura, lo económico y lo militar son ya la misma cosa. "Cuando hay un socio tan neutro en un escenario tan anárquico, termina siendo visto con desconfianza desde cualquier lado", añade.
El peso del mercado chino
Más allá de la ideología, los datos de 2025 justifican el pragmatismo del Ejecutivo. La balanza comercial con el gigante asiático es en la actualidad el motor de la economía no petrolera del país. Según un estudio realizado por la fundación alemana Friedrich-Ebert-Stiftung, los países líderes del mundo occidental enfrentan un problema de reputación decreciente en la región y Europa tampoco escapa a esta tendencia. El único país de los sondeados que creció en reputación fue China.
En 2025, Ecuador registró un récord histórico en sus importaciones de China. Según las cifras del Banco Central del Ecuador, en 2025, el total de importaciones desde China fueron de 8.441 millones dólares, 27,7% más de lo que se compró al gigante asiático en 2024, es decir, en un análisis retrospectivo con el 2010 al 2025, la cantidad importada se quintuplicó.
Andueza destaca que, aunque China es el origen principal de las importaciones, Ecuador aún mantiene anclas importantes con otros bloques. Menciona el rol de Rusia en la generación de empleo en provincias como El Oro y Los Ríos, y el financiamiento del Banco Europeo para la interconexión eléctrica con Perú. No obstante, recalca: "Comerciamos con todos, pero no tenemos una relación muy fuerte más allá de China-Estados Unidos".
La distinción entre "comercio con China" y "seguridad con EEUU" es, para Andueza, una construcción artificial. En la era de las redes 5G, los puertos inteligentes y la infraestructura, lo económico y lo militar son ya la misma cosa. "Cuando hay un socio tan neutro en un escenario tan anárquico, termina siendo visto con desconfianza desde cualquier lado", añade.
El peso del mercado chino
Más allá de la ideología, los datos de 2025 justifican el pragmatismo del Ejecutivo. La balanza comercial con el gigante asiático es en la actualidad el motor de la economía no petrolera del país. Según un estudio realizado por la fundación alemana Friedrich-Ebert-Stiftung, los países líderes del mundo occidental enfrentan un problema de reputación decreciente en la región y Europa tampoco escapa a esta tendencia. El único país de los sondeados que creció en reputación fue China.
En 2025, Ecuador registró un récord histórico en sus importaciones de China. Según las cifras del Banco Central del Ecuador, en 2025, el total de importaciones desde China fueron de 8.441 millones dólares, 27,7% más de lo que se compró al gigante asiático en 2024, es decir, en un análisis retrospectivo con el 2010 al 2025, la cantidad importada se quintuplicó.
Andueza destaca que, aunque China es el origen principal de las importaciones, Ecuador aún mantiene anclas importantes con otros bloques. Menciona el rol de Rusia en la generación de empleo en provincias como El Oro y Los Ríos, y el financiamiento del Banco Europeo para la interconexión eléctrica con Perú. No obstante, recalca: "Comerciamos con todos, pero no tenemos una relación muy fuerte más allá de China-Estados Unidos".
