Apretando la yugular del país
Editorial
Listín Diario
El río Nizao es la fuente de agua mejor aprovechada del país, pero también la más agredida por manos despiadadas que actúan con total impunidad.
La vida o la muerte de este río se traducen directamente en bienestar o desgracia para millones de personas que dependen de sus aguas.
Las cuatro represas que acumulan su caudal -para consumo humano, animal, riego agrícola y generación hidroeléctrica— no pueden ser saboteadas por intereses particulares.
Sin el Nizao, los acueductos de Santo Domingo, San Cristóbal y la provincia Peravia serían elefantes blancos.
Pese a los esfuerzos de reforestación en su cuenca alta impulsados por el gobierno y el sector privado, la depredación de su cauce avanza sin control.
A la ya comprobada explotación incontrolada de agregados aguas abajo del contraembalse Las Barías, ahora se suma la devastación en Rancho Arriba.
Ambos casos atentan directamente contra el río y abren socavones que comprometen la seguridad de miles en poblados como El Roblegal, Pizarrete, Nizao, Don Gregorio y Rancho Arriba.
Cuando las autoridades ambientales eluden su deber de detener estos desmanes y sancionar a los responsables, envían una señal inequívoca: aquí la ley es letra muerta.
Ante esto, LISTÍN DIARIO, fiel a su compromiso con la defensa de los recursos naturales, exige al gobierno una actitud firme y sin ambages para proteger el Nizao.
¿De qué sirve llevar prisioneros a reforestar sus márgenes si después se permite que sus aguas profundas mueran por evaporación inducida?
Este río es la yugular que alimenta la vida nacional: ningún interés privado puede tener derecho a estrangularlo.
Si el gobierno es incapaz —o no tiene voluntad—de proteger la fuente que garantiza la supervivencia de millones de dominicanos, entonces el país está perdido.
