Quito intenta recuperar la paz: los avances en las cifras y una realidad que aún atemoriza

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SPUTNIK

ECUADOR.- En las calles, plazas y zonas comerciales de la capital ecuatoriana, el termómetro de la seguridad no se mide únicamente por los informes oficiales, sino por la profunda transformación de la cotidianidad de sus habitantes. A mitad de 2026, la percepción de riesgo ha alterado los horarios comerciales y el libre tránsito.

Pese a que el Gobierno ha propuesto y aplicado dos toques de queda, operativos a nivel nacional, acompañados de varios estados de excepción para hacer frente a la crisis de seguridad, hechos recientes de violencia y la proliferación de modalidades delictivas mantienen en vilo a una ciudadanía que no percibe mejoras estructurales.

Las estadísticas oficiales

La vulnerabilidad de la capital quedó en evidencia una vez más el 29 de junio, cuando el norte de Quito despertó con dos explosiones dirigidas a las instalaciones de la Agencia de Regulación y Control Minero (Arcom). El atentado, que según las investigaciones preliminares de la Policía Nacional estaría relacionado con un vehículo incinerado hallado en un túnel vial cercano, vuelve a encender las alarmas sobre el alcance de las estructuras criminales en zonas urbanas de alta densidad.

Entre enero y mayo de 2026, los datos macroestadísticos reflejan una tendencia a la baja en la incidencia de crímenes en ciudades históricamente conflictivas como costeras. Sin embargo, el panorama general sigue siendo alarmante: un informe oficial del Ministerio del Interior revela que, entre enero y abril de este año, se cometieron 2.778 crímenes a escala nacional, lo que representa una reducción del 11,8% frente a los 3.150 asesinatos registrados en 2025.

En Quito, 2026 comenzó con una tendencia al alza en los homicidios, marcada por una pugna territorial intensificada.

En el primer trimestre, se contabilizaron 67 homicidios intencionales, lo que representa un aumento de más del 20% respecto del 2025, cuando se contabilizaron 55 casos. Este incremento fue atribuido por la Policía Nacional a disputas entre grupos de delincuencia organizada, que buscan controlar espacios para la venta de droga en sectores específicos de la ciudad.

El declive de las "zonas seguras"

En la capital, aunque el robo a personas se mantiene como el delito con mayor incidencia, las estadísticas muestran un descenso numérico. De los 2.418 casos registrados el año pasado en el mismo período, actualmente se suman 2.016 eventos, lo que representa una reducción de 402 denuncias.

No obstante, esta dinámica con el incremento de la violencia letal y modalidades delictivas que causan mayor terror psicológico y físico, como los robos bajo sumisión química mediante el uso de escopolamina.

Este fenómeno es resentido de forma directa tanto por comerciantes como por trabajadores autónomos. Elizabeth Plazarte, estilista de la zona, expresa con preocupación la pérdida de espacios seguros:

"Veo que la cosa ha empeorado. Hay mucha delincuencia, hay mucha inseguridad en todos lados, ahora donde usted vaya es inseguro, ya uno no se puede sentir tranquilo en ningún lado. El hijo de mi esposo lo escopolaminaron (drogaron) mientras estaba en un restaurante y, obviamente, eso es lo que está pasando ahora con frecuencia", explica para Sputnik.

Esta percepción de desamparo y la recurrencia de delitos complejos coincide con el criterio de Eduardo Ramírez, propietario de un negocio y comerciante del sector, quien asegura que la operatividad se ha visto forzada a retroceder ante la falta de garantías:

"Toca cerrar más temprano, no hay ninguna mejora. Lamentablemente no se dan cuenta que las familias están sufriendo de acoso, diferentes situaciones (…) y nadie da ninguna solución", enfatiza.

La modificación de los hábitos no solo implica pérdidas económicas para locales comerciales que han tenido que recortar sus jornadas de atención al público. La estructura interna de las familias quiteñas se ha adaptado a través de protocolos estrictos de comunicación y monitoreo constante para mitigar el riesgo de desapariciones o asaltos nocturnos.

"No puedes salir tranquila. Tiene uno que siempre dejar un aviso en dónde vas estar, a qué hora vas a regresar para que las familias estén pendientes", detalla para Sputnik María Isabel Ortiz, ciudadana residente.

Esta necesidad de control preventivo casero responde en gran medida al temor de las familias generado por la imprevisibilidad del delito en áreas residenciales y comerciales, que antes eran consideradas zonas seguras.

El contraste entre la reducción estadística del robo común y la percepción de una mayor seguridad demuestra una brecha considerable. La población quiteña entiende que la aparente disminución de porcentajes de actividades delictivas puede ser alentadora, pero espera que esto se traduzca pronto en paz o seguridad en la ciudad y en el país.

 

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