"Continuidad de las relaciones unilaterales": ¿cuáles son los mecanismos del colonialismo contemporáneo?

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SPUTNIK

MOSCÚ.- A través de mecanismos a menudo indirectos, las potencias mantienen su influencia sobre los países más vulnerables, ejerciendo formas de coacción que pueden ser tanto explícitas como sutiles, explican a Sputnik los expertos consultados.

A diferencia del colonialismo clásico, basado en la ocupación territorial directa, el neocolonialismo se manifiesta mediante instrumentos políticos, económicos e institucionales que moldean las decisiones internas sin necesidad de un control formal.

Las intervenciones en los procesos políticos, la presión económica, la influencia sobre las instituciones y la construcción de narrativas públicas son algunos de los medios a través de los cuales se expresa esta dinámica. Más que identificar casos aislados, el reto consiste en reconocer patrones y tendencias que ayuden a explicar cómo se sigue ejerciendo el poder global, aunque sea bajo nuevas formas.

Estas intervenciones se llevaban a cabo para promover ideas de alineamiento político del país, sobre todo con el pretexto de modernizar a los países afectados, explicó Eden Pereira, profesor de Historia e investigador del Núcleo Interdisciplinario de Estudios sobre África, Asia y Relaciones Sur-Sur de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

"Brasil y América Latina nunca fueron colonizados directamente por EEUU, pero forman parte de una esfera de influencia que se gestiona de forma neocolonial, a partir de una mentalidad política basada en una visión imperialista de nuestra región", afirmó Pereira.

Uno de los ejemplos más cercanos es el golpe militar de 1964 en Brasil, respaldado por Estados Unidos durante la Guerra Fría.

"Entre los militares brasileños se creía que seguir y establecer en Brasil un modelo de democracia liberal similar al de Estados Unidos permitiría al país alcanzar un nivel de modernización comparable al de los estadounidenses", enfatizó.

Pereira citó otros momentos de intervención similares, como el golpe militar en Indonesia en 1965 y en la República del Congo en 1960, ambos apoyados por Estados Unidos.

"Son casos que ocurren en el tercer mundo y que constituyen un patrón, desde el punto de vista político, (…) de la relación de EEUU con las instituciones, y no solo de EEUU, sino también de otras instituciones europeas, sobre todo francesas y británicas", resaltó el experto.

Además, cita otros episodios, como los de Panamá o Irak, como ejemplos de intervención directa llevada a cabo por EEUU.

"Las intervenciones directas por parte del imperialismo no han dejado de existir. Han seguido coexistiendo con estas nuevas herramientas y con estos nuevos instrumentos que se asocian precisamente a partir de relaciones a veces institucionales, políticas, ideológicas y, sobre todo, financieras, a través de vínculos económicos", indicó el analista.

Como señaló, episodios como este se deben al apoyo de Washington a los movimientos de ruptura política o a actores alineados con los intereses estadounidenses. Con la evolución de la doctrina de seguridad de EEUU, la justificación de estas intervenciones dejó de ser "impedir el comunismo" y pasó a basarse en la "guerra contra el terrorismo" y el "narcoterrorismo".

En la actualidad, esta intervención se vuelve más compleja al incluir un "dominio del ciberespacio", es decir, de las redes sociales.

"Las redes sociales y otros instrumentos se han convertido en un ámbito, una red de acción, intervención y presión de las potencias imperialistas", recalcó el analista.

"Podemos hablar, por ejemplo, de lo que ocurrió durante la llamada Primavera Árabe, donde las redes sociales fueron un espacio de articulación política, de inteligencia y de información para poder promover campañas de cambio de régimen en varios países", apuntó.

En opinión de Pereira, las redes sociales —que en un principio se consideraban herramientas para ampliar la participación y la libertad de expresión— acabaron poniendo de manifiesto que esos medios también podían ser instrumentalizados por diferentes actores con intereses estratégicos.

Según él, estos espacios no solo han sido utilizados por los servicios de inteligencia, sino también por grupos radicales y fundamentalistas, con el fin de promover sus propias agendas políticas. En muchos casos, estas agendas convergen o no se alejan significativamente de objetivos geopolíticos más amplios, lo que demuestra que las redes sociales pueden funcionar tanto como instrumentos de democratización como canales de influencia y lucha por el poder.

Además, la asociación de las grandes tecnológicas con el Gobierno de EEUU supone, en opinión de Pereira, un nuevo nivel de integración entre tecnología, finanzas y defensa, fundamental para comprender el panorama contemporáneo.

A su juicio, en los últimos años se observa una creciente articulación entre instituciones financieras, grandes grupos empresariales y el sector militar, lo que algunos analistas describen como una especie de keynesianismo militar, vinculado a un complejo industrial, militar, financiero y tecnológico.

"Tenemos la conexión entre las empresas del sector tecnológico de Silicon Valley directamente vinculadas no solo al Pentágono, sino también a los proyectos económicos y militares que desarrolla el sector de la defensa, no solo en Estados Unidos, sino también en otras muchas partes del mundo", recalcó.

Herramientas como Facebook*, Instagram* y WhatsApp*, por ejemplo, pasaron a desempeñar un papel relevante en la recopilación y el seguimiento de datos a gran escala. Para Pereira, este flujo de información se convirtió en un activo estratégico en los conflictos contemporáneos, contribuyendo al desarrollo de nuevas formas de actuación geopolítica.

En el aspecto económico, el colonialismo también puede percibirse, según Pereira, en la actuación de las instituciones financieras internacionales y en la propia dinámica del sistema global. Para él, organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial son fundamentales para el mantenimiento de un modelo de desarrollo dependiente, al influir en las directrices económicas, las políticas cambiarias y las estrategias de inserción en el comercio internacional.

Este panorama se articula con la necesidad de los países de acumular dólares —una moneda que no controlan— para realizar transacciones externas, lo que refuerza las asimetrías estructurales. Además, la especialización en la exportación de materias primas, aunque a menudo genera un rendimiento financiero inmediato, tiende a limitar el desarrollo de sectores tecnológicos e industriales más complejos.

Como resultado, muchos países siguen insertados de forma desigual en la economía global, a menudo dependientes tanto de las fluctuaciones de los precios internacionales como de las decisiones de las economías centrales, lo que agrava las vulnerabilidades económicas y sociales a largo plazo.

A su vez, Gustavo de Andrade Durao, analista político y profesor del Programa de Posgrado Interdisciplinario en Sociedad y Cultura de la Universidad Estatal de Piauí, destacó que las dinámicas del neocolonialismo no son recientes, sino que se reconfiguran a lo largo del tiempo, manteniendo patrones históricos de intervención e influencia.

Señaló que, incluso tras los procesos de independencia en África y el fin de la Segunda Guerra Mundial, potencias como EEUU y los países europeos siguieron actuando en diferentes regiones del mundo para preservar relaciones asimétricas.

Los casos de América Latina, Oriente Medio y Asia son ejemplos de esta continuidad, con intervenciones directas e indirectas que, según los expertos, forman parte de una larga tradición de injerencia política y militar.

Para Durao, en el escenario contemporáneo, episodios como los de Afganistán, Irak y las recientes tensiones con Irán pueden interpretarse dentro de esta lógica de mantenimiento del poder global.

"Es interesante recordar que EEUU se nutre de la retórica de la democracia, de la defensa de la democracia en todo el mundo. Y utiliza esa retórica para seguir llevando a cabo acciones intervencionistas y medidas que privarán de autonomía a muchos países con el fin de mantener el statu quo de la potencia que organiza este orden mundial", aseveró.

Al mismo tiempo, señaló que este modelo se enfrenta a limitaciones cada vez mayores. Según Durao, la pérdida de apoyo internacional, la transformación del sistema económico y el avance de las tecnologías de la comunicación hacen más difícil reproducir los antiguos patrones de intervención.

Destaca que la centralidad del dólar se ve amenazada por nuevas articulaciones económicas y que los países buscan alternativas para reducir sus dependencias, lo que altera el equilibrio global.

En este contexto, Durao afirmó que las sanciones económicas y las presiones financieras siguen siendo instrumentos relevantes de influencia, especialmente para sostener la centralidad de las economías dominantes. Aun así, señala que existe un movimiento de reorganización internacional, con una mayor cooperación entre los países del llamado eje sur-sur, lo que abre espacio para nuevas formas de inserción global y, potencialmente, una mayor autonomía frente a estas presiones.

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