EDITORIAL
Bajo la agenda de Trump
Listín Diario
Aunque la República Dominicana avanza hacia reformas estructurales del Estado, el curso de estas transformaciones podría verse condicionado por el rumbo que tome la política exterior de Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump.
Sus posiciones disruptivas en comercio, migración y geopolítica impactarían no solo a nuestro país, sino a todo el mundo.
El presidente Luis Abinader, en su segundo mandato, deberá ajustar su visión de futuro a un nuevo orden global que se perfila bajo el liderazgo de Trump, quien ya ha dejado claro que su agenda priorizará los intereses de Estados Unidos sin contemplaciones para sus socios tradicionales.
Este reordenamiento afectará a todas las naciones con vínculos comerciales o políticos con Estados Unidos, especialmente a aquellas altamente dependientes de sus decisiones económicas y diplomáticas.
En el caso dominicano, la relación con organismos multilaterales como la ONU y sus agencias podría redefinirse si Washington decide reducir su participación o influencia en estos foros.
En un escenario de realineamiento del poder mundial entre EE.UU., China y Rusia, las neutralidades se vuelven inviables.
Cada zona de influencia impondrá nuevas estrategias y políticas que impactarán directamente los planes de desarrollo de los países aliados a estas potencias.
En materia migratoria, la política de Trump podría favorecer la postura dominicana de aplicar con mayor rigor sus leyes migratorias frente a la crisis haitiana, la cual ya es vista como una amenaza a la seguridad nacional.
Sin embargo, esto también podría significar presiones adicionales para que el país asuma un rol más activo en el control de la frontera y la recepción de migrantes expulsados por Estados Unidos.
En comercio y tecnología, la República Dominicana, como socio confiable de EE.UU., quedaría aún más atada a sus políticas económicas, con menor margen de maniobra frente a otros mercados emergentes.
La lucha contra el narcotráfico, la ciberseguridad y la protección de recursos naturales estratégicos también estarían condicionadas a las prioridades estadounidenses, lo que implicaría ajustes en la cooperación bilateral y el manejo de intereses nacionales.
El mundo que se perfila bajo la administración de Trump será distinto al actual.
La República Dominicana, como nación pequeña pero con un rol estratégico en el Caribe, deberá moverse con cautela, asegurando que sus intereses nacionales no queden subordinados a la agenda de un solo país.
