SPUTNIK
ECUADOR.- La tasa de jóvenes de entre 15 y 24 años que no estudian ni trabajan —conocidos como "ninis"— registró un descenso progresivo en el último año, ubicándose por debajo de los promedios históricos de la pospandemia, según cifras de la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
Sin embargo, la contracción de este indicador contrasta con la calidad de las plazas laborales a las que accede la juventud.
¿Qué dicen las cifras?
Las estadísticas del INEC revelan que, en el primer semestre de 2025, el desempleo juvenil bordeaba el 8,8%, mientras que para mediados de 2026, registró una leve reducción, situándose en el 7,9%.
Pese a la caída, aún representa el doble de la tasa nacional de desempleo general, que es del 3,1%. La proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan bajó del 19,8% en 2025 a aproximadamente un 18,1% en 2026.
De acuerdo con las proyecciones poblacionales, alrededor de 2,2 millones de personas forman parte de la población económicamente activa (PEA) en 2026, es decir, que se encuentran trabajando o buscando activamente un empleo.
La mayoría de los jóvenes se desplazan hacia el subempleo, la informalidad o el empleo no pleno, lo que significa que el descenso en el indicador de "ninis" no se traduce automáticamente en la incorporación a puestos estables, con seguridad social o afines a la formación académica recibida.
El empleo adecuado para el segmento de 18 a 29 años apenas supera el 30% y el INEC muestra que los jóvenes en el sector informal ganan en promedio 220,39 dólares mensuales, frente a los 519,07 en el empleo formal.
¿Qué piensan los ecuatorianos?
Sputnik conversó con jóvenes ecuatorianos para conocer su perspectiva frente al mercado laboral. De las experiencias compartidas se evidencia que el desafío central radica en la idoneidad y las condiciones de la inserción laboral.
Para Paul Conlago, arquitecto recién graduado, el panorama muestra claroscuros. Aunque reconoce que ha tenido oportunidades para insertarse en su área, advierte que su caso no refleja la norma general.
"He tenido la suerte de vincularme a proyectos, pero es evidente que las oportunidades no existen de manera equitativa para todos los graduados. La competencia es alta y las plazas formales son reducidas", comentó.
La experiencia de Susana Valencia, también arquitecta, ilustra el recorrido de la subocupación y la reconversión profesional. La joven tardó año y medio en encontrar una opción laboral, pero lo que encontró no estaba vinculado con la arquitectura, tiempo durante el cual debió reorientar sus ingresos y su perfil.
"Recién pude encontrar trabajo, pero la verdad no es de mi profesión. Hace algunos años me fui a estudiar al extranjero, estudié arquitectura, pero no pude encontrar trabajo en esa rama", manifiesta en conversación con este medio.
Por su parte, Karen Almeida, estudiante de Derecho, señala la paradoja del primer empleo y la condición académica: "Soy consciente de lo difícil que es encontrar si eres estudiante. En muchos lugares no te dan esa oportunidad, ya que creen que no puedes rendir lo suficiente o creen que te van a pagar de más y para ellos eso se ve como una pérdida".
El sector de la salud tampoco queda exento de estas barreras. Ecuador registra cerca de 38 médicos por cada 10.000 habitantes, superando la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 22 a 23 por cada 10.000. Luis Barba, médico especialista, alerta sobre la saturación y los obstáculos de acceso en el sistema sanitario.
"Al momento de terminar el pregrado, es superdifícil encontrar trabajo solo como médico general; con una especialidad es mucho más sencillo. Pero realmente el sistema de salud no se fortalece, no se construyen más hospitales, más centros de salud; entonces, todos nos peleamos por un mismo trabajo”, alerta.
