SPUTNIK
WASHINGTON.- Lo afirma el principal diario financiero británico a tiempo de señalar que a casi dos años del inicio del segundo mandato del presidente Donald Trump, la agenda de su Administración atraviesa momentos de alta tensión.
A pesar de las promesas electorales orientadas a la reducción de precios y al saneamiento fiscal del actual mandatario, la prensa asegura que la guerra lanzada en conjunto con Israel contra Irán y los recortes tributarios han derivado en una deuda pública sin precedentes, sumada al incremento persistente en los costos de los combustibles y de las tasas hipotecarias.
El mercado de deuda soberana ha reaccionado con inquietud ante el incremento sostenido del endeudamiento público, llevando los rendimientos de los bonos del Tesoro a largo plazo a niveles máximos en 19 años. En respuesta, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, intervino para tranquilizar a los inversores anunciando un plan para duplicar la compra de deuda a largo plazo, medida que hasta el momento no ha logrado frenar el rendimiento de los bonos y ha presionado a la baja la cotización del dólar.
Las finanzas públicas del país norteamericano alcanzaron un hito crítico esta semana al registrarse una deuda nacional de 40 billones de dólares, impulsada por un ritmo de gasto público que supera ampliamente los ingresos fiscales.
A pesar de los recortes aplicados en programas sociales e infraestructura de asistencia pública, las proyecciones económicas sugieren que los recientes recortes de impuestos continuarán ampliando el déficit federal en los próximos años, según estimaciones de analistas y organismos privados.
La guerra contra Irán ha impactado directamente en el sector energético, se añade, contraviniendo los objetivos oficiales de abaratar los suministros. El precio de la gasolina ha experimentado una subida cercana al 40%, situándose en 4,11 dólares por galón, mientras que el diésel alcanzó los 5,58. Asimismo, las tasas de interés para las hipotecas a 30 años se incrementaron notablemente hasta situarse en el 6,65%, elevando la presión sobre el sector inmobiliario y el poder adquisitivo de las familias.
Por su parte, los indicadores de inflación de consumo alcanzaron picos no vistos en tres años antes de estabilizarse temporalmente en el 3,4% anual. Frente a este panorama, los funcionarios de la Reserva Federal han expresado su preocupación sobre la persistencia de las presiones inflacionarias en la economía general, optando por mantener sin cambios los tipos de interés, una postura que mantiene la cautela en los mercados financieros internacionales.
En el ámbito energético global, las interrupciones en el flujo de petróleo causadas por el bloqueo parcial en el estrecho de Ormuz establecido por la nación persa como respuesta a los ataques bélicos han contrarrestado los modestos incrementos en la producción de crudo de Estados Unidos. Al respecto, se asevera que la producción interna proyectada por la Administración de Información de Energía de EEUU no ha logrado mitigar los cuellos de botella energéticos globales causados por la situación bélica.
El artículo concluye señalando que, como si todo esto fuera poco, el escenario de elevados costos de financiamiento, junto con el encarecimiento de insumos básicos y combustibles, ha impactado en la confianza del consumidor, situándola en niveles históricamente bajos, sumado a que la tasa de crecimiento del PIB se sitúa por debajo de las metas oficiales proyectadas por el Departamento de Comercio.
Ante este panorama, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo estar confiado en que Estados Unidos seguía en condiciones de "salir del agujero de la deuda mediante el crecimiento".
