¿Cómo el conflicto en Oriente Medio pone en jaque las ambiciones de EEUU con la IA?

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SPUTNIK

MOSCÚ.- Expertos sostienen que el ambicioso proyecto de inteligencia artificial de Donald Trump, denominado Stargate y valorado en 500.000 millones de dólares, se encuentra en una situación crítica, debido a las derivaciones de la ofensiva militar lanzada por Washington y Tel Aviv contra la nación persa.

Según los especialistas citados por el diario South China Morning Post, el fracaso de la guerra contra Irán no solo está acelerando el declive general de EEUU como potencia global, al exhibir de manera transparente el escaso respaldo a su política injerencista y un poder militar disminuido, sino que además está obstaculizando su propio desarrollo tecnológico en la era de la inteligencia artificial.

Esto se debe a que el proyecto Stargate, que fue anunciado a principios del año pasado tras el regreso de Trump a la presidencia con el objetivo primordial de consolidar la hegemonía estadounidense en el sector de la IA, parece encontrarse en limbo debido a sus nexos con Oriente Medio.

Vale recordar que esta iniciativa cuenta con la colaboración de empresas tecnológicas como OpenAI, SoftBank y Oracle, teniendo como pieza central la construcción del mayor complejo de centros de datos del mundo en Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, esta estrategia ha sufrido un duro revés tras los ataques de Irán —en respuesta a la ofensiva lanzada por EEUU e Israel contra su territorio— sobre la infraestructura de datos en territorio emiratí.

Li Wei, académico de la Universidad Renmin de China, señaló que estos bombardeos han golpeado directamente el núcleo de la política exterior y tecnológica de Trump, quien había dado prioridad absoluta a este proyecto desde el inicio de su mandato.

La incertidumbre sobre el futuro de Stargate crece a medida que la inestabilidad regional persiste. Aunque Trump realizó visitas diplomáticas específicas a Oriente Medio para asegurar la viabilidad del proyecto, los analistas concluyen que los ataques iraníes han puesto en duda la seguridad de las inversiones y la capacidad de Estados Unidos para mantener sus centros de computación en zonas de conflicto.

 

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