SPUTNIK
MOSCÚ.- En un reciente artículo, 'The Economist' describe cómo el continente europeo desarrolló una relación de creciente dependencia con Washington que lo terminó reduciendo a la "servidumbre".
De acuerdo con un análisis de la revista británica, Europa ha transitado de una histórica preocupación por la hegemonía cultural estadounidense a una situación de "vasallaje económico" estructural. La publicación sostiene que los sectores que controlan la economía y toman las decisiones estratégicas claves del continente se han visto capturadas por empresas de EEUU, que ahora controlan desde los sistemas operativos de los teléfonos celulares, hasta los servicios de computación en la nube y los modelos de inteligencia artificial.
Según el semanario, esta dependencia se extiende incluso a los pagos cotidianos entre ciudadanos europeos, gestionados mayoritariamente por empresas norteamericanas de pago, como Visa o Mastercard. The Economist subraya que esta subordinación comercial plantea graves interrogantes geopolíticos ante la posibilidad de que Washington utilice estos vínculos como herramientas de presión.
El texto advierte que esto podría derivar en un futuro en amenazas directas, más allá de la guerra arancelaria lanzada por Washington el año pasado, como el corte de sistemas de pago o la exclusión de empresas europeas de las tecnologías. Para la revista, la vulnerabilidad es total, ya que incluso la seguridad energética, antes garantizada por otras vías, ha sido sustituida por importaciones masivas de gas licuado estadounidense.
La responsabilidad de este escenario recae, según el argumento de la revista, en las propias políticas de Bruselas. The Economist critica duramente que décadas de exceso de regulación han dejado a las empresas regionales incapaces de competir. El análisis señala que, mientras que la UE se centraba en imponer objetivos ecológicos ambiciosos y normativas de privacidad, terminaba importando de fuera lo que no podía producir por culpa de su propia burocracia, creando una brecha que ahora beneficia principalmente a las corporaciones de EEUU.
En el sector tecnológico, la revista califica de "quijotescos" los intentos europeos por recuperar la soberanía, criticando que la Unión Europea se enorgullezca de regular la inteligencia artificial, antes incluso de haber generado campeones locales en la materia. Según la publicación, el marco normativo europeo ha funcionado irónicamente como una barrera de entrada que protege a los gigantes estadounidenses, quienes tienen la capacidad financiera de absorber los costos de cumplimiento, mientras que las empresas europeas quedan fuera del mercado.
El análisis de The Economist también identifica una pérdida de soberanía en el sector financiero y de pagos. El texto detalla cómo las regulaciones europeas hicieron que negocios estratégicos dejaran de ser rentables para la banca local, forzando su venta a empresas de EEUU.
Esta dinámica se repite en el sector industrial y minero, agregan, donde la revista argumenta que obtener permisos para extraer minerales críticos en suelo europeo puede tardar décadas, debido a la rigidez normativa de los auditores.
