Reflexiones del director
Una espada de Damocles sobre la libertad de prensa
Miguel Franjul
miguel.franjul@listindiario.com
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) libra desde hace años una batalla incansable por la libre expresión y la libertad de prensa, pilares fundamentales de la democracia en nuestro continente.
Como parte de esta lucha, desde nuestro espacio local hemos resistido los intentos de gobiernos, legisladores y otros actores por cercenar estos derechos.
Y sí, deliberadamente hablo de *ambos derechos* en conjunto.
Porque en esta era digital, donde internet y sus derivaciones tecnológicas han diluido fronteras y redefinido paradigmas, es urgente reivindicar las dimensiones plenas de estas libertades.
No son lo mismo, pero son igualmente esenciales.
En 2016, con la “Declaración de Salta”—heredera de los principios de Chapultepec— reforzamos nuestro compromiso. luego, en Córdoba, hemos aprobado su segunda versión, enfatizando algo irrenunciable: la actividad en redes sociales también merece protección.
Abogamos, en síntesis, por regulaciones “sin censura”.
El escenario actual es desolador. América Latina asiste a un vaciamiento acelerado de sus democracias.
Regímenes que nacieron legítimos se han desnaturalizado; el autoritarismo se normaliza bajo un manto de silencio colectivo.
Paralelamente, se ha tejido un discurso perverso que equipara a la prensa profesional con el caos digital, satanizando ambos por igual.
Se nos acusa de ser cómplices de la desinformación, de la polarización, de la mentira.
Las redes sociales —ese torrente incontrolable— arrastran en su corriente a medios que aún defienden el periodismo riguroso. El resultado es una democracia enferma y un periodismo bajo sospecha.
Pero el peligro mayor no son solo los gobiernos. Hoy, cuatro gigantes tecnológicos deciden qué pensar, cómo actuar y qué conocer.
Sus algoritmos filtran, sesgan y mediatizan la realidad, usurpando el rol tradicional de la prensa. Su poder opaca incluso al Estado.
Esta es la verdadera “espada de Damocles”: que un puñado de empresas determine el destino de la libertad —tanto de expresión como de prensa— y, por ende, de la democracia.
¿Cómo resistir? Reconociendo que el mundo ha cambiado. Las audiencias ya no son las mismas; el periodismo debe reinventarse sin abdicar de su esencia.
La defensa de estas libertades es más ardua, pero no imposible. Exige lucidez, valentía y, sobre todo, la convicción de que sin prensa libre no hay sociedad libre.
