Una nación afligida
Listín Diario
Editorial
"De qué sirve la vida si a un trozo de alegría le sigue un gran dolor". (En un rincón del alma)
Alberto Cortez
El país ha quedado sumido en un dolor profundo.
El colapso del techo de la discoteca Jet Set no es solo una tragedia; es un llamado desgarrador a la reflexión, a la solidaridad y a la acción.
Con decenas de vidas perdidas, más de 140 heridos y familias destrozadas, el país entero se une en un luto colectivo que trasciende diferencias.
Entre los fallecidos hay rostros conocidos -figuras del espectáculo, del béisbol, servidores públicos- pero también hay nombres anónimos que representan sueños truncados, historias interrumpidas.
El merenguero Rubby Pérez, la gobernadora Nelsy Cruz, el pelotero Octavio Dotel… cada uno dejó un legado, pero su partida abrupta nos recuerda la fragilidad de la vida.
En medio de la oscuridad, sin embargo, brillan destellos de humanidad: los equipos de rescate trabajando incansablemente, los ciudadanos donando sangre, los médicos atendiendo sin descanso.
Esa solidaridad espontánea es el consuelo mínimo en esta hora amarga.
Pero el dolor no puede ser en vano. Esta tragedia debe ser un punto de inflexión.
¿Cómo es posible que un lugar con tanta afluencia no tuviera inspecciones rigurosas?
La falta de protocolos claros para garantizar la seguridad en espacios públicos es una deuda pendiente.
Urgen revisiones estructurales, salidas de emergencia accesibles y una cultura de prevención que priorice vidas sobre el negocio.
Hoy, el país llora. Pero mañana debe actuar.
Que el nombre de Jet Set no sea solo sinónimo de duelo, sino también de un cambio necesario.
A las familias de las víctimas, nuestro abrazo más sentido.
A los heridos, nuestra esperanza de pronta recuperación.
Y a los fallecidos, la promesa de que su partida no será ignorada.
¡Que en paz descansen!
