No es cierto
Benjamín Morales Meléndez
La postura de González refleja la doble moral del liderazgo colonial
La gobernadora Jenniffer González ha asegurado que los dominicanos en Puerto Rico no deben preocuparse por las políticas migratorias de Donald Trump, pues la isla "no es México ni Texas". Su declaración, revestida de una aparente calma, ignora la realidad más evidente: Puerto Rico no tiene voz ni voto en las decisiones migratorias de Estados Unidos, porque sigue siendo una colonia.
La gobernadora habla como si tuviera injerencia alguna sobre el tema. Sin embargo, la política migratoria que afecta a los dominicanos y haitianos que intentan llegar a Puerto Rico en embarcaciones precarias no se define en San Juan, sino en Washington. Desde la Guardia Costera hasta las deportaciones, todo responde a un esquema federal. Puerto Rico simplemente ejecuta órdenes, una realidad que Jenniffer González evita reconocer.
Más preocupante aún es el tono casi despectivo de su comentario. Decir que Puerto Rico no es "México ni Texas" trivializa la experiencia de los miles de migrantes dominicanos que buscan una vida mejor. ¿Acaso es menos grave la política migratoria por no estar situada en la frontera sur de Estados Unidos? Las más de 1,600 repatriaciones desde Puerto Rico el año pasado revelan que la isla no es ajena al sufrimiento migratorio, sino un engranaje más en el sistema de exclusión y represión dictado por Estados Unidos.
La postura de González refleja la doble moral del liderazgo colonial: por un lado, pretende calmar preocupaciones locales, y por otro, se somete sin cuestionamientos a las directrices federales. No hay espacio para un discurso verdaderamente autónomo, porque no existe autonomía.
La migración es un tema humano que requiere empatía y soluciones reales. Sin embargo, mientras Puerto Rico continúe en su estado colonial, seguirá siendo un espectador pasivo de políticas ajenas y un ejecutor de órdenes. Decir lo contrario es, como mínimo, faltar a la verdad.
